Eugenio Valdés Figueroa. Trajectories of a rumor.
Cuban Art in the Postwar Period. En: Art Cuba. The
new generation. Edited by Holly Block. Harry N.
Abrams, Inc., New York, 2001, p. 19-21

La "trayectoria del rumor" - o el fenómeno que he venido analizando bajo esa designación-- cristaliza, en 1994, en dos hechos culturales de merecida trascendencia: uno fue la creación de Espacio Aglutinador, por los artistas Sandra Ceballos y Ezequiel Suárez; el otro sería la participación cubana en la Quinta Bienal de La Habana. En marzo de ese mismo año, se le había impedido a Ezequiel Suárez inaugurar su exposición personal El frente Bauhaus, en la Galería habanera 23 y 12, debido a sus frontales provocaciones a la infraestructura institucional. Las poéticas figuraciones constructivistas de sus óleos sobre lienzo estaban aderezadas con la obviedad de una ríspida declaración: "las instituciones son una mierda". Remover los escatológicos recuerdos de El Objeto Esculturado no fue, por supuesto, muy estimulante para la administración de la Galería 23 y 12. Inmediatamente los cuadros fueron descolgados y , sin muchas explicaciones, fue cancelada la muestra unas horas antes de su inauguración. Dias más tarde Ezequiel y Sandra Ceballos deciden exhibir estas obras en el reducido espacio que ambos compartían como casa y taller en el Vedado. La muestra fue acompañada de una especie de manifiesto, la cual definiría desde entonces la actitud y los principios defendidos hasta hoy por Espacio Aglutinador:

AGLUTINADOR (espacio de arte) se propone mostrar y difundir la obra de artistas cubanos de todas las "sectas" -estén vivos o muertos, residiendo dentro o fuera de Cuba, sean jóvenes o viejos, conocidos o desconocidos, promovidos o casi olvidados, modestos o pedantes- siempre y cuando tengan una calidad incontrastable, y sobre todo, esa necesaria dosis de honestidad y desasosiego ante la creación propia del arte verdadero. AGLUTINADOR es un espacio cultural, no una boutique. No pretende ser elitista, ni vanguardista, ni populista, ni pasadista: quiere ser (o llegar a ser) justo. Su único compromiso es con el arte. No es un "proyecto". No es una hermosa idea puesta en el papel por una mente altamente organizada. AGLUTINADOR es un hecho; está sucediendo: rápida, naturalmente...Las posibilidades de equivocarse son infinitas. Si hay algo a lo que AGLUTINADOR le huye como a la sarna es a la coherencia, esa aburrida y nauseabunda "bondad" de la conciencia. Charles Baudelaire dijo: "El arte es largo". AGLUTINADOR (espacio de arte) dice: ¡Qué hombre más lúcido! Beuys decía: Cada hombre es un artista... A eso habría que agregarle: Cada casa es una galería

Aglutinador devino una zona de tolerancia, que desde un inicio asumió la diversidad, sacudiéndose la carga de la obediencia a límites y normas. Del mismo modo en que Memoria de la Postguerra ofreció sus páginas, como un reto de la práctica artística a la catalepsia institucional; Aglutinador ofreció sus paredes y su privacidad. Para Ceballos y Suárez una obra que fuera incoherente, híbrida, indefinida, caótica, casi casual, podía ser la única reacción adecuada al estado de un mundo con similares carácterísticas, o la mejor manera de representarlo: "Habíamos dejado de creer -me ha dicho Ceballos y Aglutinador nacía de esa incredulidad. El manifiesto fue casi una pataleta en relación con la discriminación institucional a artistas olvidados, ignorados, excluidos o auto-excluidos (...) No tenemos vocación para doblegarnos o aceptar tabúes (...) por eso la creación de ese espacio ha sido, además de un escape, la posibilidad de dar libre curso a una espontaneidad inconsciente, sin renunciar a las contradicciones en que estamos envueltos como individuos y como artistas, ni a las angustias, ni siquiera a la apatía que nos absorbe..." Pero dejarse arrastrar por la inercia de la apatía, significa en este caso convertir esa energía en su contrapartida nihilista. Para Aglutinador ésta ha sido hasta hoy una manera de traer el arte a la "vida real", de transformar un recinto extra-institucional en una "galería" de actitudes. En su particular manera de exhibir arte, Aglutinador replantea la representación, apela a metodologías poco comunes, y propone estrategias, menos concentradas en una estética de los objetos que de las situaciones y el gesto. En la exposición Cuba Inside, por ejemplo, durante un performance titulado Cada artista que se va es un fragmento que se pierde, Ezequiel Suárez se encaramó en un andamio y comenzó a destruir el techo de su casa con una lanceta de acero. A la par del performance de Suárez, mientras los espectadores esquivaban los pedazos de concreto que iban cayendo, se desarrollaba la obra Roze...La Casa de las Mejoras, de Carlos Garaicoa, compuesta por proyecciones distorsionadas de imágenes de una ruina urbana, fantásticos edificios en forma de obeliscos dibujados sobre los muros y el contagioso ritmo Chaonda -un hit musical de los años 60, de la orquesta Aragón

Curiosamente, muchas de las exposiciones realizadas en Espacio Aglutinador durante estos últimos seis años han insistido en esa relación interior-exterior -con connotaciones, cuyo sentido conceptual y espacial se extiende y contamina con otros órdenes binarios, como las relaciones entre arte y sociedad, espacio individual y espacio social, arte e individuo, espacio público y espacio privado, historia oficial y borrones o chismes extraoficiales, arte y política, mitología e historia, arte y ética, etc--, pero sin ignorar el propio hecho de que éste es primero un recinto doméstico y luego un sitio en donde, además, se hace y se exhibe arte. En una sociedad en la que todo está diseñado para que la paranoia halle terreno fértil, "fisgonear" o "sentirse fisgoneado" forma parte de lo cotidiano. El "voyeurismo" -entendido como acto inherente a la relación comunicativa arte-público, al mismo tiempo que como un ritual social que germina en el control estatal y abarca todos los niveles de la relación sociedad-individuo ha sido una de las más interesantes metáforas que han tipificado el juego especular desarrollado en las propuestas de Aglutinador, en el que la reacción de los espectadores es el producto de un proceso de escamoteo de identidades entre los que "actúan" y los que "miran". Quien traspase el umbral de Aglutinador debe estar preparado para trastocarlo todo en conflictivas situaciones paralelas o en sagaces giros elípticos, pues con sólo "entrar" ya los visitantes -e incluso los artistas y obras allí expuestas se involucran en fronteras movibles, así como en espacios y roles intercambiables. 5

(...)
Si Espacio Aglutinador declaraba una autoconciencia de su marginalidad y estimulaba una estética de lo impredecibe, caotizando de una manera radical ese orden de ritualidades pertenecientes al mundo social o al mundo artístico; los artistas presentes en la Bienal de 1994, en cambio, proponían la rearticulación de reglas mucho más dúctiles en las relaciones arte-público-institución, que subvertía cuanto hay de predecible en el sistema de ritualidades, simplemente convirtiendo dicho sistema en un grupo de posiciones y puntos de vista permutables. (...)


 
 
 
 
BACK